Te vi en una noche

de estrellas al trotamonte,

Júpiter, Venus o tus ojos,

constelando los confines

de un escurridizo sueño.

Y allí estás, acostada

en el río Aqueronte,

en la entrada sin puerta, 

debajo de la sábana, 

abriendo los cerrojos

del nublado amanecer

y gimiendo como libro

de poemas al viento:

entonces cada palabra

cada aliento acompasado

y la forma de espedirse

es una caricia de nube

que se hunde y eriza

a la orilla de tu ingle

en ese río caudaloso

de pensamientos

que se incendian.

Y así, haciendo de Musa

al enamorado saltamontes,

a las 2:33 de la madrugada,

mientras el frío te soñaba

perfectamente desnuda,

yo intentaba asir el rayo

de nuestro incontenible deseo

y su tormenta por acontecer.

8 months ago
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